21 años de libertad

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Pregones callejeros, oficios que cantan

15 de Enero de 2013 -

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Que hasta los zapatos gastados aunque lustrados en ese ir y venir son tonada, y si bien no son ilustradas, las calles se hacen las respetuosas, mudas con tal del tranco, de ese caminar, de esa expresión anhelada, de esa tonal extensión que a grito pelado sube y baja la laringe, por el vozarrón, aquel de buen pregonero abarrotado, errante obrero con su amor alborotado y que nos recuerda aquel oficio surtidero de veloz expresión, tan vilipendiado a veces, y no sean jalados, no sean descorteses ante la canción que se empeña y surte efecto y vende los artefactos, los tiestos, que ya vienen los barquillos y la nieve y un helado mientras el esófago se mueve. Que ahí viene el del gas, que la garganta le va a explotar y un pedorro irá a soltar, si no logra captar la clientela que procura calentar agua en el baño y en la cocina, en la tetera, hasta en la piscina, porque la marchantita se siente media cochina y nada de aseada ni muy afeitada para saludarlo, además que a la agraciada le gusta lavar los platos con agua caliente, porque así –se dice- mantiene limpios los trastes y ayuda generosa al medio ambiente y qué mejor cepillarse bien cepillados los dientes y saludar a su pretendiente… ah, oiga, a propósito y de pura casualidad no trae detergente, digo, usted es el vendedor y yo el oyente, que si me pasa un kilito me transformo en su confidente y le presento a la vecina de enfrente.

Ni hablar de esos fregones que ponen cara de Chef y que afilan cuchillos al derecho y al revés, que le sacan punta hasta las cucharas y es su deber mantener bien afilada la mercancía para que la caserita se sienta excitada, que entre lijas y piedras calizas, ofrece sus uñas con la mejor simpatía, para ver si la manicure es parte de la oferta y de una se las alisa, total que nada se pierde después de la musiquita que entrega esa orquesta de dínamos y truquillos guturales que la hacen sentir más divina, favorita y llena de bondades… que por qué no, dice la vieja, ya que estamos en confianza, no me limpia la alfombra con su destreza, mire que si me animo le muestro toda la cuchillería, de paso, toda mi fina y esbelta fisonomía.
Que ahí viene el de las frutas mimetizado dentro de un cajón que más parece gruta, a sabiendas que los precios de mercado se han inflado y la papa está más cara que pagarse un viaje al mismo vaticano, y no vaya a ser que le pasen la cuenta y pague el noviciado y vuelen tomates y huevos por sobre su caracho porfiado, algo garapiñado, que mejor tengan para sus tunas que por suerte con ustedes no gano fortunas y mejor será que vean las uvas que se caen de maduras, ni hablar de los plátanos en cajas, que luego luego agarra confianza y el albur se encaja, oigame, que si me siguen ofendiendo me voy, digno y orgulloso, con todo y sanos productos a mi modesta casa.

Y si de buenos anuncios comerciales se trata cuando la palabra hace que canta y se delata, es cosa de observar a ese de la matraca que ofrece sin tapujos y a todo pulmón vender la luna, como buen chanta y hocicón con su perorata, bien lavadita y barata a las tres, a las dos, a la una, y ahí va un pelotudo que no se pierde niuna y que suda y suda por si acaso se la hace suya, incrédulo en todo caso luego que, alguna vez y en medio del estrés, compró aire en botellas a un ambulante, desde ahí que luce con la mollera partida y apenas zurcido el semblante, luego que su amada se las ensartara con todo y corchos por pelotudo, para que no siguiera de farsante el graciosito, porque capacito se las mete por detrás y por delante.

Que no hay mejor oficio que el de lechero, y bien dicho, que entre tanto enredo ya se escabulle como buen pionero a derramar toditas sus leches y natas dentro del ansioso y excitante vertedero, de paso, sacar bien las cuentas con la hermosa dama, que anda media pálida, como con la leche cortada, porque resulta que anda con la regla bien atrasada, seguramente por culpa de sus hostigosas y libreadas visitas diarias, que mejor le paga lo adeudado y que se quede con el cambio y vaya rapidito con su melodía a otro lado, al campo junto a sus vacas.. ¡Ah! y que si puede use condón y así recorra más seguro todita la región, y largese a  otra parte con su pinche y descremada letanía y su jarrón, el muy pinche cabrón.

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