
Por Rosario Puga
Con cierta intencionalidad deje pasar la fecha exacta de la muerte de Themo Lobos creador de Mampato, Máximo Chambonez y muchos otros, con un desfase voluntario arme este homenaje donde inevitablemente se cuela una nostalgia no autorizada.
Los personajes de Lobos poblaron la infancia de generaciones recién iniciadas en el culto televisivo, cuyos padres eran ávidos lectores de diarios, activos consumidores de géneros de ficción en radio,cuya historia se vería truncado por los hechos que hicieron que este país perdiera la ilusión. Hablar de Mampato y Ogu es hablar de una dimensión inolvidable de la cultura de barrio. La misma que llevaba a leer en solitario la entrega semanal que se adelantaba al culto por la serie televisa y que después se convertía en el hábito de intercambiar y comentar con la patota del barrio o del colegio. La revista tambień fue un componente de la era de oro de los medios impresos que cambiaría para siempre desplazando la narración gráfica a otros soportes.
La revista Mampato al menos en mis recuerdos llegaba los fines de semana y visto en perspectiva era una saga más bien para niños pero al igual que Papelucho representaba el placer de las aventuras de un autentico héroe infantil. Que más allá del cinto espacio temporal no contaba con súper poderes y actuaba más por su afán de ampliar los límites del restringido mundo que habitaba que por épicas moralizantes, no obstante trasmitía valores e ideas.
En el diario la Tercera cuentan que corría 1968 y el editor chileno Eduardo Armstrong necesitaba con urgencia reinventar al que sería el personaje central de su revista Mampato. Entonces llegó Temístocles Lobos, un dibujante de 39 años, en sus manos, el personaje original de Oscar Vega ganó nueva vida: Mampato sería un niño colorín de 14 años, curioso y aventurero,que viaja en el tiempo con su amigo cavernícola Ogú. De inmediato,la historieta se volvió una de las más populares entre los niños.
Debo confesar que no lo leía Mampato con especial devoción en mis años de infancia pero en mi vida adulta cometí una falta que me permitió tener una perspectiva completa del valor de la historieta. Me quede con un tomo que reunía la edición de varios años de Mampato, que era parte de la colección completa de los hermanos García Monje, que si eran sus devotos seguidores.La revisión me hizo ver que sus relatos movilizaban la historia para que sus seguidores se empaparan de las mismas referencias que les metían en la cabeza en la escuela en base a memorizar fechas y sucesos de manera automática a través del amor por la aventura.
Themo creía que se podía educar a través de la fantasía y ese fue uno de sus méritos, no transo en la rigurosidad del lenguaje y de las referencias culturales. E incluso apostó por profundizar el carácter infantil de sus protagonistas cuyo encanto va unido a la dupla Mampato/Ogú, que aumenta la identificación de los lectores por la entrañable amistad que esta al centro del pacto que los lleva a las más diversas aventuras.El carácter nacional de todos los personajes es parte del encanto con que inspiro la complicidad con los lectores que sin duda cuentan a Mampato entre los iconos de su infancia.
El padre de mampato tuvo una de las más amplias carreras de la ilustración y el cómic nacional. Participó en la mítica revista Barrabases, donde creó a Cicleto, Cucufato y Ñeclito y en la revista El Pingüino donde creó a Alaraco y Dolchevito. Sobre el origen de su oficio cuenta que desde niño le gustaba dibujar porque leía ‘El Peneca’ y quería ser como el que hacía ‘Quintín el aventurero’. De la lectura de la mítica revista fundada por Core heredo la pasión por las aventuras y los viajes que darían forma a su más célebrecreación.
Creo más de 30 personajes arraigados en el imaginario compartido.Todos son parte de un pasado glorioso de la historieta chilena, que como el propio Lobos señala fue truncado por la dictadura “La salida de circulación de gran cantidad de los quincenales de los kioscos del país, fue el aviso de que ninguna página que llevase a la imaginación estaría permitida.Se eliminaron todas las revistas de historietas.Porque eran un arma bastante peligrosa para los dictadores. Por ahí se pueden escapar algunas opiniones en contra de una dictadura. La historieta no solamente sirve para contarle cuentos a los niños”- recuerda.
Su trayectoria está asociada a revistas que marcaron el desarrollo editorial de nuestro país y conformaron una tradición asociada a una gran época de nuestra historia cultural que desapareció y que hace silencio con la muerte de Themo a quien siempre recordaremos como un creador de mundos.
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