
Por Rosario Puga
El triunfo presidencial de los Hermanos musulmanes en las últimas elecciones presidenciales en Egipto, donde resulto elegido Mohamed Mursi marcó la consolidación de la islamización de los poderes públicos que se enfrentan a la herencia dejada por Mubarak en cuyo período las FFAA ostentaron un poder que ha dado a los uniformados un control de la vida política que no están dispuestos a entregar.
Ahora la situación llega a un nuevo punto de tensión después de que el flamante presidente convocara al parlamento a sesionar desafiando el dictamen del consejo supremo de las FFAA y de la corte de justicia que había invalidado las elecciones por supuestos vicios de forma. Un escenario de incertidumbre que marca un presente incierto para el proceso político de la nación árabe.
Este último capítulo de la lucha de poder entre la Hermandad Musulmana y los militares se inició cuando el presidente Morsi revocó la decisión de cerrar el parlamento, y rehabilitó la Cámara baja, donde su partido goza de una cómoda mayoría.Después de haber mantenido un largo silencio, la junta militar emitió un comunicado público en el que defiende su decisión de disolver el Parlamento, asegurando que se limitó a cumplir la ley. "Desde que asumió sus responsabilidades, la junta nunca ha recurrido a medidas excepcionales [...] enfatizando la importancia de la legitimidad de la ley y la Constitución para preservar el estatus del Estado", reza el comunicado, en el que insta a todas las instituciones a respetar el Estado de derecho.
Por su parte el Tribunal Constitucional declaró ilegal el decreto del presidente, que ordenaba reinstalar el Parlamento disuelto en junio. Sin embargo,el Congreso se reunio con aprobación del mandatario, hecho que ocasionó enfrentamientos frente a la sede del Poder Legislativo.
Los Hermanos Musulmanes, por su parte, convocaron a una manifestación en la plaza Tahrir en apoyo al presidente Morsi. Así el lunes 9 de julio por la noche, docenas de jóvenes militantes islamistas se congregaron en la mítica plaza del centro de El Cairo para preparar la logística de la jornada reivindicativa que se desarrollo el día 10.
Como informa el diario EL PAIS el presidente de la Asamblea Popular, el islamista Saad Katatny, presidio el domingo una sesión de la Cámara baja que fue una de las sesiones plenarias más cortas de su historia, ya que la Asamblea Popular decidió aplazar indefinidamente el ejercicio de sus labores legislativas hasta que los tribunales resuelvan la confusa situación jurídica. El movimiento ha sido interpretado por algunos analistas como un gesto de distensión, lo que sugiere la existencia de negociaciones bajo cuerda entre militares e islamistas.
En una muestra de la división social que ha suscitado el gesto de Morsi, varios partidos laicos boicotearon la sesión parlamentaria, entre ellos el histórico Wafd y el Partido Social Demócrata. Una fuente parlamentaria ha comentado que han acudido a la sesión alrededor del 70% de los diputados, un porcentaje muy similar al que obtuvieron los Hermanos Musulmanes y el principal partido salafista (Al Nour) en las elecciones celebradas hace seis meses.
Mientras políticos y militares participan en una descarnada lucha de poder, Egipto padece una situación de desgobierno. Como señalan diversos analistas el lio legal y político en el que se encuentra sumido Egipto es fruto de la incapacidad de su clase política para alcanzar acuerdos sobre el reparto del poder, y el diseño institucional de la era post-Mubarak. Ni siquiera la celebración de las elecciones presidencialesha servido para situar el país en la senda de la estabilidad ansiada por la mayoría de la población.
Desde la caída de Mubarak, en febrero del 2011, diversos Ejecutivos débiles han administrado el país. Su interinidad y falta de legitimidad han evitado que acometan las reformas profundas y urgentes que necesita el país, con una economía al borde de la bancarrota. Diez días después de su investidura, Morsi aún no ha nombrado su Ejecutivo, y con todas sus energías puestas en la disputa con el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, pueden pasar muchos días hasta que Egipto conozca el nombre de su nuevo primer ministro.
Las implicancias de un poder político en manos de los musulmanes sin contrapeso en ninguno de los poderes del estado son inciertas, más aún cuando la constitución egipcia carece de un diseño de poder claro y delimitado. Si bien la islamización de los poderes públicos no es el verdadero peligro el acuerdo bajo cuerdas entre sus representantes y las FFA es un factor incierto que puede destruir el sueño de una sociedad secular como la que animo e levantamiento contra Mubarak ,donde la Hermandad musulmana no fue el principal actor no obstante legítimamente se haya convertido en la principal fuerza electoral del país.
Lo que Egipto requiere es lo que no puede darse, un acuerdo social que represente la diversidad que compone el tejido social, es decir que garantice la expresión de las minorías. Para eso el pueblo egipcio no cuenta con una sociedad civil suficientemente fuerte pero si con una mayoría movilizada, que a toda costa evitara que el país viva del extremismo islámico como ocurrió en Argelia pero que esta bajo la amenaza de un pacto entre la bota militar y el islam, que sería el peor resultado posible de la primavera árabe que protagonizo el pueblo en las calles.
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