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Villancicos Navideños: Canto de villanos

26 de Diciembre de 2012 -

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Que por favor ábrame la puerta que mi humanidad viene cansada, que tanto andar por afuera de veras que cansa, que entre exiliado y errante peco de vagamundos, que aquí le traigo unos cantitos, es por eso que, haber si con ellos, que no son muchos ni poquititos, puedo arrullarle su geniecito y así dormir en su morada, aunque sea un ratito, bella concupiscencia malhumorada. Y no piense que soy un villano maleante o terrorista, créame oiga, aunque tal vez desde su ventana usted note me falte más de alguna comida y, sobretodo, una buena bañada en mi escuálida resolana, que fíjese que yo me echo mi cantadita, siempre que nutro la tripa flaca, que por Jesús que está flaca y, sobretodo, para cuando por mi cuerpo de hollejos corre alguna agüita de alguna dulce mata.

Ya pues, no sea inhumana que una de esas le da posada a estos huesos empalados y a los versos que hoy sencillos traigo, entonaditos y atropellados villancicos, que capacito se vaya al cielo y un regalo pascuero reciba por tanta caridad que ha mostrado a mi deriva filigrana, y que fácil podrían crucificarme, pues créame, que es cosa de verme, que a estas alturas del año no peso nada.

Y no se moleste, ni llame a los soldados oiga, que si bien son malvados, me voy rapidito antes de la repre, aunque capacito allí en la cana, me sirvan un plato caliente que nutra mis pocas grasas que ya luzco, un pavo con nueces y manzanas, y si me llegase a portar como un santo valiente me apliquen la picana que, sin duda, para ellos, es todo un gozo y desde luego su jarana. Aunque debiera saber que vengo rendido, desde esos lejanos sitios de estrellas y forajidos, y no le vengo a vender nada, además que mi oficio de carpintero me sale bien y los muebles son duraderos, entonces no entiendo el por qué no me deja me arrime al fuego mi estimada casera, que por último sirvo para echarle a su fogata un buen fajo de leñas.

Si, si ya sé que le importa un bledo si aquí afuera me muero, que usted tiene su fiesta egoísta y de ahí no la muevo, pos quédese con sus asuntos, duérmase que ya no le ruego, y si usted quiere vístase de virgen o rayito del cielo, de madre divina o viejo pascuero, y que el calor la abrase y la derrita por entero, prendase las velas y prepare su entierro, que nada me cuesta buscarme otra virgen que esté lejos de tanto cielo e inventarle un entierro, que mientras seguiré con mi personal estéreo escuchando villancicos, en busca de un buen estero que de posada a mi peregrino pasito.

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